Usa palabras consistentes para girar, frenar y reanudar. Acompaña con cambios nítidos de ritmo y posición de hombros. Tu perro lee tu cuerpo mejor que tu voz. Practica sin prisa en tramos tranquilos, y cuando todo fluya, agrega una serie corta de zancadas o sentadillas. La claridad disminuye errores y multiplica el disfrute compartido.
Premia el quieto durante tus sentadillas y el contacto visual antes de las zancadas. El mundo exterior es estimulante; tu atención debe ser aún más valiosa. Intercala caricias, pequeños descansos y olfateo libre. Ese balance regula excitación, previene tirones y crea una base sólida para progreso constante sin frustraciones ni retrocesos innecesarios.
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